Vena mechada en salsa

No sé por qué no estaba esta receta en el blog, cuando es habitual en casa desde que tengo uso de razón.

Hay muchas maneras de hacerla, pero esta que les traigo es la que hacía mi madre. Todavía hoy esperamos que sobre para al día siguiente para hacernos un bocata, es de los bocadillos que más me gusta junto con el de pata asada de cerdo. Costumbres muy nuestras que no se pierden con el paso de los años.

La vena mechada en salsa es una receta tradicional de las Islas Canarias, sobre todo en la isla de Gran Canaria. Es una pieza de carne limpia, sin hueso, terminada en puntas, que también recibe el nombre de peceto.

Básicamente sigo haciendo la receta de mi madre, pero con los años he ido introduciendo ingredientes, cosa que a ella no le gusta porque siempre me dice que solo lleva cebolla, ajo y zanahoria, pero a mi me gusta sazonar la carne con un poco de pimienta negra. Además, le pongo laurel y un poco de coñac, aunque siempre que lo pongo me la imagino con las manos en la cabeza y farfullando que la vena no lleva alcohol y no hay más que hablar ni negociar, su palabra va a misa. Tampoco añade agua a la cocción, porque para ella no es un guiso y se tiene que hacer con los propios jugos de la carne, pero yo la añado para acrecentar la salsa. Además, añado chalotas o cebollas francesas, me rechiflan como guarnición. A veces le inyecto un poco de coñac a la carne, queda más sabrosa si cabe. Todo esto es personal, así que pueden incluirlo o no.
Tanto en su forma tradicional, como con los cambios que me gusta hacerle, es una carne tremendamente rica siempre que escojan una pieza bien fresca, del país como la llamamos por aquí, porque si no resultará una carne dura y correosa.

¡¡Sin más vamos con la receta!!

Ingredientes para 6 personas:
  • 1 vena de 1.200 kg (aproximadamente)
  • 12 dientes de ajo
  • 12 chalotas
  • 3 cebollas grandes
  • 4 zanahorias cortadas
  • 2 hojas de laurel
  • Sal y pimienta
  • Aceite
  • 1 chorrito de coñac
  • 1 o 2 vasos de agua
Pelamos los ajos, dejamos 8 enteros y laminamos o trituramos los 4 restantes. Pelamos las chalotas y las dejamos enteras. Troceamos las cebollas. Pelamos y cortamos las zanahorias en rodajas de casi un dedo de grosor.
Con un cuchillo o mechador, hacemos ocho incisiones en diferentes puntos de la pieza de carne e introducimos los dientes de ajo. Salpimentamos la vena, dándole un masaje para que se impregne por todos lados. La atamos con un hilo de cocina o la metemos en una malla.

Ponemos aceite en un caldero amplio y hondo, donde nos quepa la vena entera y a ser posible que no haya que doblarla. Lo ponemos a fuego alto y desde que el aceite esté caliente colocamos la carne y vamos girándola para sellarla por todos sus lados. Una vez sellada, la retiramos a una bandeja.

Bajamos el fuego a la mitad y si hace falta añadimos un poquito más de aceite. Agregamos la cebolla troceada y los cuatro dientes de ajo laminados o triturados. Removemos y dejamos dorar ligeramente.

Volvemos a colocar la carne en el caldero junto con el jugo que haya soltado. Subimos el fuego al máximo y añadimos el coñac, dejamos hervir unos minutos y agregamos las zanahorias, las chalotas, las hojas de laurel, un puñadito de sal gruesa y un vaso o dos de agua, sin que llegue a cubrir la carne.

Cocinamos a fuego bajo durante una media hora o hasta que al pincharla veamos que el líquido no es rosado. A mitad de cocción le damos la vuelta.

Sacamos la carne y la ponemos en una bandeja para que repose. Pasada media hora podemos cortarla del grosor que más les guste.
Puedes sacar las zanahorias y chalotas de la salsa y triturarla el resto o dejarla tal cual. De las dos maneras queda bien.

Ponemos la carne troceada en la salsa y le damos unos minutos a fuego bajo para que se impregne bien.

Acompañarla con unas papas sancochadas o fritas y un buen vino. El éxito está garantizado.

Esta es la última entrada del año, por lo que no puedo despedirme sin desearles lo mejor para el nuevo año que comienza y recuerden:

Para los buenos momentos, gratitud.
Para los malos, mucha esperanza.
Para cada día una ilusión.
Y siempre, siempre, felicidad.
¡¡¡Feliz 2018!!!

¡¡A disfrutar de estos manjares tan exqusitos!!

Solomillo al horno relleno de ciruelas y cebolla caramelizada con salsa de ciruelas

Mira que es grande el título de esta receta. Mientras lo escribía pensaba que no tardé tanto en hacer este plato tan exquisito.

Ha sido un éxito rotundo, el dulzor de las ciruelas y cebollas caramelizadas con el punto agridulce de la salsa ha resultado una maravilla.

A pesar de que la explicación pueda parecerles larga, no tengan pereza en hacer esta receta, no es nada complicada y el resultado no podía haber sido mejor, cada bocado es un placer.

Si hacemos el día anterior el relleno y la salsa, el resto es coser y cantar, en poco tiempo podremos disfrutar de estos manjares.

Vamos con la receta, que está para chuparse los dedos.

Ingredientes para 6 personas:
  • 1 solomillo de ternera de 1kg aproximadamente abierto en libro
  • 400 gr de ciruelas pasas sin hueso
  • 2 cebollas dulces
  • 2 vasos de Oporto
  • 2 chalotas
  • Pimienta negra
  • Sal
  • Aceite
  • Vinagre de Módena
  • Papas
Ponemos la mitad de las ciruelas en un bol con 1 vaso de Oporto.

Cortamos las cebollas en juliana. Las echamos en una sartén con un poquito de aceite. Tapamos y dejamos hacer a fuego bajo hasta que transparenten. Destapamos la sartén y agregamos un chorro de vinagre de módena, sal y pimienta al gusto. Removemos continuamente hasta que hayan caramelizado. Pueden añadir un chorrito de agua de vez en cuando, ya que ayuda a la caramelización. Una vez lista la pasamos a un bol y dejamos que enfríe totalmente.

Colamos las ciruelas que tenemos macerando y conservamos el Oporto y el jugo que han soltado.

Para la salsa, cortamos las chalotas finamente y las pochamos en una sartén con un poco de aceite. Ponemos las ciruelas en un calentador, añadiendo el jugo que soltaron las ciruelas maceradas, las chalotas, 1 vaso de Oporto, un poco de sal gruesa y pimienta. Una vez rompa a hervir, bajamos el fuego y dejamos cocer unos diez minutos. Podemos servirla tal cual o pasar por un robot como hice en esta ocasión. Si la trituran es conveniente pasarla a continuación por un colador para que quede más fina. Probamos y rectificamos de sal y pimienta si es necesario.

Como les decía al principio, si estos pasos previos los tienen hechos, el resto se hace en un periquete.

Precalentamos el horno a 200º.

Si no saben hacerlo, pidan al carnicero que les abra el solomillo tipo libro. Colocamos el solomillo sobre una tabla. Salpimentamos por ambas caras.
Distribuimos la cebolla caramelizada y las ciruelas con Oporto por toda la carne sin llegar a los extremos. Cerramos el solomillo con cuidado haciéndolo girar y lo atamos con un hilo de cocina. Los extremos pueden cerrarlos con un palillo.

Pasamos una brocha con aceite por el solomillo. Lo colocamos sobre una plancha larga y marcamos todas sus caras para sellarlo.

Lo colocamos en la bandeja del horno cubierto con papel de aluminio y cocinamos durante 20 minutos.

Sacamos del horno y dejamos reposar tapado sobre una tabla unos veinte minutos.

Cortamos las papas en rodajas y freímos.

Emplatamos el solomillo con las papas y la salsa.

¡¡Una auténtica ricura, no pueden perdérselo!!

¡¡A disfrutarlo!!

Cabrito o baifo embarrado al estilo canario

Sin duda este plato tan sabroso es uno de los más tradicionales de nuestra gastronomía y si utilizas buena materia prima, el éxito está garantizado. Se puede preparar tanto al horno como al fuego y de muchas maneras como al ajillo, en salsa o embarrado como se los traigo hoy.

El cabrito o baifo, como lo llamamos nosotros, es la cría de la cabra hasta que deja de mamar. El macho o baifo es el que se mata para comer, ya que a las hembras o baifitas se las reserva para criar.

A las baifitas era costumbre ponerles un lazo rojo al cuello. De niña pensaba que era para que estuviesen más guapas, pero un día mi abuelo me dijo que era para protegerlas, que al ser tan bonitas y pizpiretas, alguien podía hacerles mal de ojo. Mi abuela no creía en eso y se enfadaba con mi abuelo, pero a mí nunca, nunca, se me olvidará aquel día.

La palabra "baifo" está tan arraigada en nuestras costumbres, que para nosotros no solo es un animal, sino que también forma parte de una expresión. No sé de dónde procede, puede ser debido a lo inquietos que son los baifos, pero con mucha frecuencia solemos decir "se me fue el baifo", refiriéndonos a que algo se nos ha olvidado decir o hacer. Es una expresión tan canaria que no la oirás en otra parte. Con los años se me va el baifo de vez en cuando :)
El embarrado es una pasta que se prepara en el mortero o en el almirez (cómo me gusta esta palabra) y con ella se unta la carne y se deja macerar, cuanto más tiempo mejor. El embarrado está tan bueno que te lo comerías mojando pan.

Esta receta se la he visto hacer a mi madre desde que tengo uso de razón y tenía que estar en el blog si o si. Como siempre que hago una receta de mi madre, le doy una pequeña vuelta y añado algunas cosas que van más conmigo, como es la cayena o el vino tinto, ya que ella siempre ha usado vino blanco. Yo prefiero usar vino tinto porque me gusta el color que le aporta a la carne.

Esta carne es fuerte, pero tremendamente exquisita y es un gustazo comerla con las manos. Está tan buena que ni te importarán los churretes que te caen mientras la comes.

Es un plato muy sencillo de preparar y puedes hacerlo con antelación. Como todos los guisos, está mejor de un día para otro.

Aunque hoy en día lo tomamos en cualquier momento del año, en casa era tradición prepararlo para Navidad, así que vamos a vestirlo más elegante que la ocasión lo merece.
¡¡Vamos con la receta!!

Ingredientes:
  • 1.500 kg cabrito fresco, limpio y troceado
  • 8 dientes de ajos
  • 1 o 2 cayenas (opcional)
  • 1 cucharada de comino en grano
  • 1/2 ramillete de perejil fresco
  • 2 cucharadas de pimentón dulce
  • Sal gruesa
  • Vinagre de vino
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 2 hojas de laurel
  • 3 ramitas de tomillo fresco o seco
  • 500 ml de vino tinto
  • Papas
  • 2 dientes de ajo
Limpiar bien el cabrito, retirando el exceso de grasa si la tuviera. Si te lo hace el carnicero, tiempo que te ahorras, aunque siempre termines de retirar en casa alguna grasa que no quieras.

La noche anterior preparamos el adobo, ya que debe reposar al menos 12 horas.

Ponemos en un mortero los dientes de ajo sin el germen, las cayenas, el comino, el perejil troceado, el pimentón y un puñadito de sal gruesa. Machacamos hasta obtener una pasta. Agregamos 5 cucharadas de aceite, 1 cucharada de vinagre y removemos. Añadimos el tomillo y el laurel y removemos nuevamente.

Nos ponemos unos guantes de tirar para evitar que se nos queden las manos pringadas y distribuimos el adobo por todo el cabrito, procurando que se impregne por todos lados. Lo ponemos en un recipiente tapado y dejamos en la nevera hasta el día siguiente.
Sacamos el cabrito de la nevera al menos con media hora de antelación y le damos unas vueltas para que se distribuya el adobo.

Freímos el cabrito en aceite por tandas. Según se vaya dorando lo pasamos a un caldero grande y hondo.

Agregamos al caldero el resto del adobo que haya quedado en el recipiente.

Ponemos el caldero a fuego alto y agregamos el vino. Una vez rompa a hervir dejamos unos minutos para que evapore el alcohol. Bajamos el fuego al mínimo y dejamos cocer durante 45-60 minutos. La carne tiene que estar bien tierna.

Una vez pasado el tiempo de cocción, puedes sacar el cabrito a una bandeja y subir el fuego para reducir un poco la salsa. Luego devolvemos el cabrito al caldero.

Freímos papas cortadas en cubos con unos dientes de ajo.

Emplatar y acompañar de un buen vino. No te olvides del pan, la salsa está tan rica que no puede quedar en el plato.

 ¡¡A disfrutarlo!!

¡¡Les deseo una Feliz Navidad!!
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